
Sé que no tengo la voz más esplendida de la región, ni tampoco la más afinida, ni la más tierna.
Sin embargo me gusta cantar lo que siento mediante la música, me gusta me gusta sentir que puedo olerla, me gusta sentir que puedo tremolar cada segundo que vive conmigo.
Hace muchos años, canté en una banda con un viejo amigo, el ego me hizo pensar que en verdad tenía talento, pero así no fue.
Catástrofe, verdadero.
Pasaron los meses y continué con las notas del piano, las cuales aprendí obligada cuando era ínfimo. Temo que nunca seguí el hilo.
Dentro de esas clases, habitaba una profesora. Corta para su talento, pero grande para su paciencia.
Conocí vibraciones y notas que nunca aparecieron tiempo atrás, sin embargo lo dejé. Me seduce la música, mas no soy humano para confeccionarla, sólo admiro.
Entonces canto sin cesar (alguna vez escuché una canción en un programa de algo de cesar, me desvío pero me acordé).
Algunas lentas, algunas sin velocidad para seguir. Tan pulcro y sugestivo es cantar, que no podría mantener un día sin palpitar el sonar.
Como costumbre una linda melodía, para un lindo pronto amanecer.
1 comentario:
creo que tu y yo estamos destinados a ver tocar a nuestros amigos y no a hacerla =(
Publicar un comentario