miércoles, 1 de abril de 2009


Alguna vez recargado entre las flores de tres caras me pregunté si debía soltar los ganchos de la aventura idílica que corría detrás de mis palabras.
Entre miles de respuestas, aparecieron dos rasgos conocidos, familiares, como en llamas, ah, sí, me importará quiénes eran.


Solo retumban las siguentes, qué va, palabrerías.
Lo resumiré sin tanta confusión metafórica, para mis televidentes que jamás escuchan, sólo arden en visión.

Entonces, refiriendose a aquellos ganchos, coloquialmente, a aquel ser humano que presume su calidad de amante.
-A veces el viento sopla hacia lugares que nos despeinan, reacción, contradicción y enojo. Deja que sople hacia donde vaya, no hacia donde tu vayas.
Siempre habrá un camino, un camino guiado por la intuición verdadera, no aquella impulsada por las mentes que se autodenominan "salvadores, te lo digo por tu bien".
No intentes más pinchar a las expectativas y deseos impulsivos (ojo, impulsivos con conciencia, me engañas mente, engañas).
Cada hoja caerá con la suavidad del viento, enseñandonos el color que verdaderamente debió existir, sin más, sin más.
Estoy saliendo del plato.
El destino no consiste de lapsos, ni periodos, ni determinaciones, así como carece de orden de sucesos, carece de lógica ante el primer pensamiento humano.
Te digo, por lo que me mira por las madrugadas, no dudes en soltar los ganchos.
Regresa lo que tiende a regresar, la corriente lleva consigo recuerdos, sin embargo trae entre espuma sorpresas.
Nada quiere ser descubierto antes.


...entonces se esfumó con pestañas aludiendo al sueño.

Deja de esperar lo que no quiere tener que lo aguarden.

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